Escuchando esta canción me vienen a la cabeza imágenes que he ido grabando a lo largo de estos años, en los que niños y niñas de Alcalá ejemplifican la esencia del deporte: superación, esfuerzo, compañerismo y un largo etcétera. Lo asocio de inmediato a la crónica de una desaparición anunciada, la del organismo cuyo logo figura a un margen de las mismas, y que la ineptitud de unos pocos se ha encargado de decapitar. Me duele especialmente el plan de evacuación que han elegido los gobiernos de turno para disimular su incapacidad de gestión, optando por el camino más recto caiga quien caiga, y admitiendo sin pudor su estulticia y mal hacer en la resolución de problemas que, en gran parte, ellos mismos se encargaron de generar a base de señalados mediocres y vulgares hijos de mala madre. Me indigna su actitud, y me irrita especialmente en envase en el que el vómito engendrado por esta panda de esperpentos se encuentra sano y salvo.
sábado, 16 de febrero de 2013
martes, 12 de febrero de 2013
el adiós del papa
De camino al trabajo, descubro a menudo a una chica de origen oriental que en torno a las 8 a.m. menea los brazos de arriba a abajo en el parque, como si de un gato de la suerte se tratara. A veces, por la misma zona, me cruzo con ese ciclista que, cuesta abajo, tarda lo mismo que yo en alcanzar nuestro destino. Es más, si madrugo puedo hasta encontrarme con ese estudiante insistente en que crucemos primero el paso de cebra, aun siendo suya la prioridad.
Hoy fue así, lo mismo que otros martes, y mañana probablemente se repita la historia, por lo que no hay grandes noticias, por inesperadas que sean, que modifiquen un ápice la rutina del día a día. Aun así es curioso, ¿no?, que nos sorprendan de cuando en cuando con bombazos como el adiós del Papa, sobre todo porque aquí quienes queremos que dimitan predican de un cristianismo desbordante con lo de "cargar la cruz hasta la muerte". Me pasa lo mismo con aquellos que fallecen sin avisar (los muy canallas), que les dedico cinco minutos de pena y otros tantos de Wikipedia para ver sus méritos y deméritos en vida.
El Papa parece marcharse agotado y (¡Dios mío!) solo, víctima de una institución (milenaria, patriarcal y aquilosada) que se retroalimenta ad eternum fagocitando a sus propias cabezas. Por lo que sí, me parece bien que se dé de baja el pobre hombre, y dé así oportunidad a hordas de retrógrados octogenarios ávidos por renovar la tan necesitada Iglesia. En lo personal me es bastante indiferente su dimisión, aunque siempre se agradecen los ejercicios de honestidad hacia uno mismo y para con el resto. La cosa es que, siendo la figura en cuestión un referente para muchos, no estaría mal que el Espíritu Santo se decantase, dada la oportunidad, por alguien con los cojones (y el apoyo) necesarios para plantar cara a lobbies y curias que, de tanto mirar atrás y a su propio ombligo, avergüenzan como poco a propios y extraños.
A su sucesor, pues, le espera un bonito papel en esto, y solo por citar lo obvio, sería menester que afrontara temas como: el sacerdocio femenino, la aceptación de la homosexualidad y de los métodos anticonceptivos, una verdadera condena a los abusos presentes y pasados, una profunda reforma en las instituciones, un diálogo profundo con el resto de religiones, el replanteamiento de su papel en el siglo XXI y un largo etcétera. Le deseo la mejor de las suertes y un poquito de por favor (o sentido común) en su toma de decisiones. Tampoco demasiado, ¿eh?, a ver si por abuso de la lógica llega a la conclusión de que Dios no existe, y la liamos.
domingo, 10 de febrero de 2013
eurovegas
Ayer me tocó, de forma medio buscada, exponer los motivos por los que estoy en contra de un megacomplejo de ocio en Madrid. Son de estas veces que sabes de antemano que todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra, porque los tres o cuatro argumentos que sacas a relucir de tu chistera suenan a discursillo buenista sin mayor consistencia que la ilusión infantil por un mundo mejor, pero aun así me lancé a la piscina. El otro lo tenía fácil, le bastará con recurrir a las oportunidades de crecimiento económico y a la burrada de puestos directos, indirectos, bla, bla, bla. ¿Y cómo decir que no a eso? Entonces, en un intento desesperado (y sabiéndote moralmente superior al contrario), le espetas que él se queda únicamente en eso, en el empleo, pero que hay que pensar qué tipo de tejido productivo queremos y cómo nos gustaría prosperar, para no incurrir en los errores del pasado. Te haces el guay hablándole que si de terrenos rurales, crecimiento sostenible, I+D, inversión en otras cosas, aprovechamiento y optimización de los recursos ya existentes, reformas ad hoc en la legislación vigente, exenciones fiscales, blanqueo de dinero, bla, bla, bla... y sabes de sobra que tu dialéctica no ha sonado convincente ni al más predispuesto de tus contrincantes. Ni a ti mismo, casi. Das la charla por concluida, porque en el fondo te la pela hablar de estas cosas con quien habita en el lado oscuro, y te reafirmas por dentro en la pena de todo esto. Esperas, eso sí, que la inspiración no te abandone cuando tengas que defender tus creencias en foros de mayor calado, cuando haya posibilidades reales de cambiar tu realidad, y no te despiertes a continuación en la cama sabiendo que lo anterior sólo era un sueño.
la comunicación
¿Os habéis preguntado alguna vez cómo nos comunicamos? Yo empiezo a preguntármelo todos los días.
¿Qué percibe el otro de nosotros? ¿A través de qué? ¿De nuestra manera de caminar? ¿Del número de veces que sonreímos? ¿De nuestra leve tartamudez? ¿Se fija si apartamos la mirada mientras hablamos? ¿Si apuntamos demasiado al suelo? ¿Compondrán nuestro retrato con las piezas de aquello que publicamos o dejamos de publicar en Internet? ¿Con nuestro estilo narrativo? ¿Con las veces que consultamos el correo electrónico o nuestras aplicaciones de mensajería instantánea? ¿Con las veces que aludimos a citas de terceros y nos mostramos ecuánimes en temas de ardiente actualidad?
¿Por cómo vestimos, quizá? ¿Nuestro corte de pelo? ¿La frecuencia en nuestro afeitado? ¿Nuestro modelo de coche? ¿Por las decisiones que tomamos? ¿Nuestro curriculum vitae? ¿Nuestro puesto de trabajo? ¿El nombre de nuestro perro? ¿El número de contactos en la agenda? ¿La intensidad de nuestra vida social?
¿Cómo nos comunicamos? ¿Hablando, tan solo? ¿Mintiendo?
¿Cuál es nuestra reputación? ¿Qué opina la gente de nosotros? ¿En qué piensa que gastas tu tiempo entre input e input? ¿Piensa algo, acaso?
Los medios a nuestro alcance para hacerle llegar cualquier cosa a alguien nos (me) exceden, y sus prestaciones se muestran sumamente inútiles cuando lo realmente importante se va volviendo más y más difuso con el tiempo: el mensaje. Me excede también el rastro que dejamos a nuestro paso, tan evidente unas veces y sutil otras que siembra en cualquier caso el camino de suficientes pistas para quien desee seguirlo. Es curioso, además, descubrirme de cuando en cuando mirando atrás por si se revela el cazador. Será que la marcha se lleva mejor con copiloto, aun sabiendo de antemano sus intenciones.
martes, 5 de febrero de 2013
con los míos
Resulta desbordante la idea de poder seguir viendo las huellas de quien marchó hace tiempo. Jugamos con la falsa trascendencia de tal modo que cualquier imprevisto en el orden natural de las cosas nos bloquea y nos sitúa frente a frente con la cruda realidad. Cada vez vivimos más de espaldas al mundo y, sin embargo, asumo que estás presente y que sigues formando parte de mi entorno, aun no habiéndote abierto hueco en él ni habiendo cruzado tus pasos con los míos.
domingo, 3 de febrero de 2013
el campeón de españa
El chaval tenía nombre de poeta, y ocupó el decimotercer puesto de catorce (creo recordar) sumando cuatrocientos y pico puntos: aproximadamente mil menos que el primer clasificado. Quedó en último lugar en sus series; fue el primer eliminado en salto de altura (su entrenador decía en broma que apenas si se había preocupado por comprobar la dureza del colchón); derribó casi todas las vallas que obstaculizaban su camino (sus compañeros decían que era el campeón de España en eso); y disimuló algo su condición con el peso, por eso de ser ancho de brazo.
Del otro chico apenas si recuerdo más allá de sus últimos saltos de altura en rondas finales, doblando el mérito que eso conllevaba teniendo en cuenta su menudez. El arqueo de espalda no lo tenía del todo controlado y, en su último intento, apuró tanto la pisada que se quedó clavado frente al listón y no llegó a saltar.
Uno de ellos no borró la sonrisa de su cara en toda la mañana, y se paseaba por las pistas con una despreocupación que llamaba positivamente la atención.
El otro lloró de impotencia bajo el cobijo de su madre, para después mostrar una rabia contenida y una actitud ligeramente agresiva propias de cualquier adulto.
Adivinad quién es quién.
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