martes, 12 de febrero de 2013

el adiós del papa

De camino al trabajo, descubro a menudo a una chica de origen oriental que en torno a las 8 a.m. menea los brazos de arriba a abajo en el parque, como si de un gato de la suerte se tratara. A veces, por la misma zona, me cruzo con ese ciclista que, cuesta abajo, tarda lo mismo que yo en alcanzar nuestro destino. Es más, si madrugo puedo hasta encontrarme con ese estudiante insistente en que crucemos primero el paso de cebra, aun siendo suya la prioridad.

Hoy fue así, lo mismo que otros martes, y mañana probablemente se repita la historia, por lo que no hay grandes noticias, por inesperadas que sean, que modifiquen un ápice la rutina del día a día. Aun así es curioso, ¿no?, que nos sorprendan de cuando en cuando con bombazos como el adiós del Papa, sobre todo porque aquí quienes queremos que dimitan predican de un cristianismo desbordante con lo de "cargar la cruz hasta la muerte". Me pasa lo mismo con aquellos que fallecen sin avisar (los muy canallas), que les dedico cinco minutos de pena y otros tantos de Wikipedia para ver sus méritos y deméritos en vida. 

El Papa parece marcharse agotado y (¡Dios mío!) solo, víctima de una institución (milenaria, patriarcal y aquilosada) que se retroalimenta ad eternum fagocitando a sus propias cabezas. Por lo que sí, me parece bien que se dé de baja el pobre hombre, y dé así oportunidad a hordas de retrógrados octogenarios ávidos por renovar la tan necesitada Iglesia. En lo personal me es bastante indiferente su dimisión, aunque siempre se agradecen los ejercicios de honestidad hacia uno mismo y para con el resto. La cosa es que, siendo la figura en cuestión un referente para muchos, no estaría mal que el Espíritu Santo se decantase, dada la oportunidad, por alguien con los cojones (y el apoyo) necesarios para plantar cara a lobbies y curias que, de tanto mirar atrás y a su propio ombligo, avergüenzan como poco a propios y extraños. 

A su sucesor, pues, le espera un bonito papel en esto, y solo por citar lo obvio, sería menester que afrontara temas como: el sacerdocio femenino, la aceptación de la homosexualidad y de los métodos anticonceptivos, una verdadera condena a los abusos presentes y pasados, una profunda reforma en las instituciones, un diálogo profundo con el resto de religiones, el replanteamiento de su papel en el siglo XXI y un largo etcétera. Le deseo la mejor de las suertes y un poquito de por favor (o sentido común) en su toma de decisiones. Tampoco demasiado, ¿eh?, a ver si por abuso de la lógica llega a la conclusión de que Dios no existe, y la liamos.

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