martes, 7 de mayo de 2013

aborto¿cero?

De vuelta del trabajo un enorme cartel publicitario junto a la carretera me llama poderosamente atención. En él se alerta del número diario de niños ¿muertos? a causa de la ley proaborto marca 'Aído', e insta a Gallardón a acabar con este poco menos que genocidio encubierto. 

¡Cómo son! ¿No? Les hierve la sangre por cada cosa...

Hay algo que no entiendo de los llamados ultraconservadores o neoliberales o comoseaquesedenominen, y es que abogan por libertades individuales frente a un Estado supervisor e intervencionista, y ahora me saltan con esto. Cada uno es dueño de su educación, de su sanidad, de su pistola, de su ascenso social, de sus logros y decisiones, pero uno no puede casarse con quien quiera ni tener plena decisión sobre lo que sucede en su cuerpo... ¿? Pero ojo, las izquierdas tampoco le van a la zaga: su incoherencia acerca de lo que es un derecho alcanzado de lo que no a veces me llega a confundir.

¿Libertades? ¿Derechos? La terminología peca de una complejidad que se me escapa, y como abogado del diablo que soy a menudo (dependiendo del interlocutor que tenga enfrente) se me hace un mundo saber qué es qué en según el caso.

sábado, 4 de mayo de 2013

rendidos

Diera la sensación de derrota ante todo lo que está sucediendo. Mientras tanto, el cuerpo utiliza un lenguaje radicalmente distinto al que nuestro cerebro se empeña en idear, y la imagen resultante es decepcionante.

¿Qué nos ha traído hasta aquí? Sigues viendo la misma gente por las calles, y seguimos (en mayor o menor medida) cometiendo los mismos pecados que años atrás. Entiendo, pues, que será cuestión de ahondar en los matices, en detalles como nuestra mirada ligeramente más caída, o nuestros andares sutilmente más cansinos. Puede que riamos menos que antes, pero estoy convencido de que lo hacemos con más ganas, más conscientes de la belleza que nos rodea, escondida a veces entre una mediocridad exponencialmente creciente.

Creo entender la frustración que nos atenaza, y nuestro empeño eterno en culpar al otro de nuestros males, huyendo de la autocrítica, pero no es excusa. Ahoga ver a otros salir al resto indemnes mientras uno se hunde poco a poco, pero sabemos nadar y no tenemos que tener miedo a dar brazadas. Somos fuertes, y somos muchos. Tenemos más poder de lo que creemos, y más motivos para cambiar nuestra realidad del que somos capaces de enumerar. No deberíamos rendirnos, ni permitir que otros lo parezcan.