domingo, 10 de febrero de 2013

la comunicación

¿Os habéis preguntado alguna vez cómo nos comunicamos? Yo empiezo a preguntármelo todos los días. 

¿Qué percibe el otro de nosotros? ¿A través de qué? ¿De nuestra manera de caminar? ¿Del número de veces que sonreímos? ¿De nuestra leve tartamudez? ¿Se fija si apartamos la mirada mientras hablamos? ¿Si apuntamos demasiado al suelo? ¿Compondrán nuestro retrato con las piezas de aquello que publicamos o dejamos de publicar en Internet? ¿Con nuestro estilo narrativo? ¿Con las veces que consultamos el correo electrónico o nuestras aplicaciones de mensajería instantánea? ¿Con las veces que aludimos a citas de terceros y nos mostramos ecuánimes en temas de ardiente actualidad? 

¿Por cómo vestimos, quizá? ¿Nuestro corte de pelo? ¿La frecuencia en nuestro afeitado? ¿Nuestro modelo de coche? ¿Por las decisiones que tomamos? ¿Nuestro curriculum vitae? ¿Nuestro puesto de trabajo? ¿El nombre de nuestro perro? ¿El número de contactos en la agenda? ¿La intensidad de nuestra vida social?

¿Cómo nos comunicamos? ¿Hablando, tan solo? ¿Mintiendo?

¿Cuál es nuestra reputación? ¿Qué opina la gente de nosotros? ¿En qué piensa que gastas tu tiempo entre input e input? ¿Piensa algo, acaso?

Los medios a nuestro alcance para hacerle llegar cualquier cosa a alguien nos (me) exceden, y sus prestaciones se muestran sumamente inútiles cuando lo realmente importante se va volviendo más y más difuso con el tiempo: el mensaje. Me excede también el rastro que dejamos a nuestro paso, tan evidente unas veces y sutil otras que siembra en cualquier caso el camino de suficientes pistas para quien desee seguirlo. Es curioso, además, descubrirme de cuando en cuando mirando atrás por si se revela el cazador. Será que la marcha se lleva mejor con copiloto, aun sabiendo de antemano sus intenciones.

1 comentario:

  1. La mayor parte a tus respuestas las encontrarás en este libro: "La comunicación no verbal". Flora Davis. Alianza Editorial.
    La comunicación al final depende del tiempo que queramos dedicar a escuchar y responder (teniendo en cuenta que el silencio muchas veces vale más que mil palabras -en todos los sentidos-).

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