La delgada línea no lo es tanto como la pintan.
En momentos como éste, tengo la absoluta convicción de que la barrera que separa lo de dentro y lo de fuera, lo de aquí de lo allí, lo privado de lo público... se muestra más tangible y necesaria que nunca. Quien no siente mis latidos, quien no lee mis pensamientos, quien no conoce el origen de mis actos, quien no distingue la veracidad de mis gestos, quien no ve más allá de mi fachada gris y taciturna... no merece ni un minuto de mi gloria.

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