Decía un tal Nadal sin raqueta que defendía a los empollones "porque en España necesitamos gente bien formada y bien valorada". El término me retrotrae a los días en los que negaba el préstamo de apuntes a quienes consideraba que nos merecían y, de paso, levantaba la mano para responder a casi todo el primero.
Supongo que fui uno de aquellos gafapastas a los que vestir de chándal les desubicaba y, en cambio, caminaban más erguidos en zapatos. Con el tiempo me hace gracia: uno no debe sentir vergüenza ni orgullo por lo que ha sido o dejado de ser, si es lo que estimaba correcto. Yo hacía lo correcto, o al menos lo que entendía como tal, y todo eso construye lo que hoy eres, y deja más huella de la que te imaginas.
El tal Nadal está escribiendo junto a su gemelo una carrera meteórica hacia la excelencia, con carreras cum laude, números 1 y 2 en sus respectivas oposiciones y altos cargos en el actual ejecutivo. (La cultura del esfuerzo, la que tanto se echa de menos y de la que tan pronto me embriagué.) Necesitamos Nadales, sí, tenistas y no tenistas, tanto como madresteresas, stevesjobs y madresquenosparió. Necesitamos gente inquieta, motivada y con visión, inteligente, despierta y, de regalo, bien formada, y para eso hay que dotar a tod@s de las mismas oportunidades, vengan de donde vengan y calcen un apellido u otro. Me pregunto cuántos Nadales se han perdido por no haber invertido en buscarlos.

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